El caso más reciente fue el de Thian Toledo, un niño de 7 años que se descompensó durante un cumpleaños en Capilla de los Remedios. El pequeño, que jugaba con amigos, se sentó repentinamente en una silla y perdió el conocimiento. Fue trasladado al dispensario local, donde sufrió un paro cardiorrespiratorio. Pese a los esfuerzos médicos durante más de 45 minutos, no pudieron salvarlo. La familia denunció demoras en la llegada de la ambulancia. La Justicia ordenó una autopsia para determinar la causa de su muerte.
Días antes, la tragedia golpeó en una escuela cordobesa, donde Lautaro Maineri, de 15 años, se descompensó mientras jugaba al truco con compañeros en el marco de la Semana del Estudiante. Fue derivado a una clínica con un coágulo cerebral inoperable y permaneció en estado vegetativo hasta su fallecimiento.
En paralelo, otros dos adolescentes de 13 años perdieron la vida mientras realizaban actividades físicas. Uno se descompensó durante una clase de gimnasia en Villa Carlos Paz, mientras que el otro se desplomó en un entrenamiento de fútbol en el Club Atlético San Lorenzo, en barrio Las Flores. En ambos casos, los intentos de reanimación resultaron infructuosos.
Las cuatro muertes han generado un fuerte impacto en la comunidad educativa y deportiva, al tiempo que las autoridades sanitarias y judiciales investigan las causas.